Las alfombras rojas de festivales de cine son la antesala del reconocimiento del arte, el escaparate dentro de la industria cinematográfica. La presencia de influencers en los últimos años cada vez llama más al debate: ¿se debe prescindir de guionistas, productores o actores para que los creadores de contenido ocupen sus butacas sin tener nada que ver?

La polémica no es algo novedoso, pero en la pasada edición del Festival de Málaga estalló al preguntar a una de las influencers españolas más conocidas acerca del cine nacional. La contestación estuvo llena de dudas y desinterés, un momento que se hizo viral y el debate volvió a surgir. El verdadero problema que se considera es si una persona con millones de seguidores, que ocupa un espacio reservado para el equipo del mundo del cine, debería tener ese vínculo con la industria.
Sus palabras provocaron una reacción negativa entre el público, exigiendo que este tipo de invitados revisaran la programación y se prepararan grandes éxitos del cine español. La influencer, Ona Gonfaus, de 19 años, ha aclarado que ya había hecho muchas declaraciones antes sobre la alfombra roja y se quedó en blanco. También aboga porque todo el mundo tiene derecho a experimentar este tipo de equivocaciones y, posteriormente, rectificar.
Dos posturas enfrentadas
Como para todo, hay dos posiciones en la sociedad; los que creen que las figuras de los influencers banalizan la alfombra roja y hablan de intrusismo y, por el contrario, los que defienden su asistencia porque consideran una buena forma de visibilizar y atraer a otro tipo de público. Los más críticos dentro de la industria argumentan que la imagen del influencer desvirtúa el propósito principal del evento. No aportan conocimiento cinematográfico y son instrumentos de publicidad que forman parte de intereses comerciales, más que culturales.
De hecho, algunas figuras dentro del sector han rechazado la idea de sustituir las butacas de otros compañeros por la presencia de los influencers, ya que desplazan la representación de aquellos que se dedican a la actuación. Señalan también que deberían ser festivales que se centraran en aquellos que hacen cine y no de los que lo promocionan. Si por lo menos fueran creadores de contenido dedicados exclusivamente a la gran pantalla podrían salvarse, según dicen algunos intérpretes.
Yolanda Ramos, Norma Ruiz, Raúl Tejón o Isabel Coixet se muestran contrarios a la aparición de influencers. Esta última, además, confiesa que los únicos que se benefician de estos eventos son los propios creadores. Incluso habiendo formado parte recientemente de proyectos audiovisuales, se ha prescindido de actores y actrices para ceder su posición a influencers.
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Sin embargo, hay muchos que apoyan y justifican su participación con la excusa de que atraen a una audiencia más joven y, muchas veces, contraria al público objetivo que se plantea en un inicio. También tratan de cambiar la perspectiva del debate: no es quién acude, sino cómo. Los influencers actuales funcionan como medios de comunicación y ayudan a amplificar el alcance mediático. Un tipo de audiencia que antes no se consideraba apta, podría transformarse en espectadores con los que conectar por primera vez.
El Ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y la Academia también se han pronunciado y han querido desmentir las acusaciones sobre la sustitución de butacas entre actores y creadores de contenido. La presencia de los influencers es una decisión de los patrocinadores, que forman parte de la organización de los festivales. Ellos son los que deben encargarse de tener buen criterio a la hora de elegir su figura de influencia, y que ésta deba informarse.
El problema es el rol, no la asistencia
El debate no se debe reducir a qué influencers acuden a la alfombra roja, sino qué hacen en ella. En esta polémica también se ha introducido la cuestión de utilizar a creadores de contenido como entrevistadores. Muchos perfiles externos al cine han asistido siempre, pero no se trata de acudir para realizar tareas que tradicionalmente pertenecen a los periodistas o profesionales de la industria.
Cuando un influencer entrevista en la alfombra roja a los actores y actrices sin preparación y conocimiento es cuando se produce un verdadero conflicto. Es la prueba del mundo mediático actual. No distinguir entre entretenimiento e investigación periodística se convierte en un problema, estos eventos se transforman en un escenario de reacciones virales y rápidas, en vez de una cobertura de prensa.

No quiere decir que tengan prohibido ocupar ese lugar, sino que tienen que asumir una responsabilidad informativa. Deben asumir un rol que no rebaje la calidad comunicativa y no refuerce el intrusismo que muchos periodistas critican. Es un tema que poco a poco cambia el futuro del gremio en la sociedad, introduciendo el estigma de que el reconocimiento se mide ahora en base a la cantidad de seguidores. Y podría cambiar de rumbo si descubren nuevas formas de difusión para seguir siendo relevantes. Es decir, aprender a adaptarse para sin perder identidad.
La verdadera solución sería compaginar la presencia de perfiles de influencers sin apartar el valor artístico que proyectan las alfombras rojas y los festivales de cine. También debería ser prudente preguntarse quiénes son los perfiles aptos para pertenecer a esta estrategia de publicidad y que aporten algo de interés y válido.

