Voces Maestras: cómo aplicar la perspectiva de género en el cine y la producción audiovisual
La igualdad en el audiovisual ya no depende solo de quién aparece en pantalla, sino también de quién decide qué historias se cuentan y cómo se producen
La perspectiva de género ha dejado de ser una cuestión secundaria dentro de la industria audiovisual para convertirse en un elemento central a la hora de diseñar equipos, seleccionar historias y definir la manera en que se trabaja en los rodajes. Cada vez más profesionales del sector consideran que no basta con incorporar más mujeres delante o detrás de la cámara: también es necesario revisar cómo se construyen los relatos, quién toma las decisiones y qué modelos de trabajo predominan en el cine y la televisión.
Ese cambio de enfoque atraviesa actualmente todos los niveles de la producción audiovisual. Desde la contratación de personal hasta la elección de protagonistas, pasando por los procesos de rodaje o la conciliación laboral, la perspectiva de género se presenta como una herramienta capaz de replantear estructuras tradicionales y abrir la puerta a formas de trabajo más inclusivas.
El productor ya no solo gestiona recursos: también decide qué historias llegan a la pantalla
La figura del productor o productora ejecutiva tiene una influencia directa sobre el tipo de contenidos que se crean y sobre quién participa en ellos. Más allá de controlar presupuestos o coordinar equipos, estos perfiles tienen capacidad para decidir qué historias merecen ser contadas, qué valores transmiten y qué tipo de representación aparece en pantalla.
Según explica Carla Sospedra, una de las grandes responsabilidades de la producción consiste en decidir “desde dónde se cuentan ciertas historias, a qué historias les damos voz y a cuáles no”. Esa selección influye directamente en los imaginarios colectivos y en la percepción social de determinados grupos o realidades.
Además, la responsabilidad no se limita únicamente a los contenidos. También afecta a la composición de los equipos y a la presencia de mujeres en puestos técnicos, creativos o de liderazgo. Para Sospedra, la inclusión no debe medirse solo en términos numéricos, sino también en diversidad y representatividad: no basta con incorporar más mujeres si siguen quedando fuera colectivos históricamente infrarepresentados.
Más allá de la paridad: diversidad, inclusión y nuevas formas de trabajar
Durante años, buena parte del debate sobre igualdad en el sector audiovisual se centró en aumentar la presencia femenina en un entorno tradicionalmente dominado por hombres. Sin embargo, el debate ha evolucionado y ahora pone el foco en cuestiones más amplias, como la diversidad de perfiles, la inclusión de minorías y la necesidad de transformar dinámicas laborales profundamente jerárquicas.
En este contexto, el feminismo se plantea como una vía para revisar la organización tradicional de los rodajes. Sospedra defiende que es necesario preguntarse cómo hacer compatibles el cine y la vida personal, cómo garantizar espacios seguros y cómo reducir estructuras excesivamente patriarcales dentro de la industria. Los rodajes suelen implicar jornadas largas, estrés y una fuerte presión, por lo que repensar estas dinámicas se ha convertido en una de las grandes reivindicaciones del sector.
La idea no es únicamente lograr más igualdad en cifras, sino también construir formas de trabajo más sostenibles y humanas. Esto implica revisar desde la conciliación hasta la manera en que se gestionan los conflictos o se distribuyen las responsabilidades dentro de un equipo.
Las mujeres ganan presencia, pero el techo de cristal sigue existiendo
Aunque la presencia femenina en el audiovisual ha crecido en los últimos años, las profesionales del sector advierten de que todavía queda camino por recorrer. La situación ha mejorado tanto delante como detrás de las cámaras, pero siguen existiendo barreras que dificultan el acceso de las mujeres a puestos de liderazgo o a determinadas áreas técnicas.
Sospedra recuerda que hace apenas unos años la mujer estaba claramente infrarepresentada en la industria audiovisual. A pesar de que hoy existen más directoras, productoras y responsables de equipo, la igualdad real todavía no se ha alcanzado. En muchos casos, la representación femenina continúa estancada en torno al 30% en determinados puestos, especialmente en aquellos considerados de difícil acceso.
La productora insiste además en que uno de los grandes riesgos es pensar que el problema ya está resuelto. Pone como ejemplo a países como Suecia, donde algunos avances se han revertido cuando ha dejado de existir una vigilancia activa sobre las políticas de igualdad. Por eso, sostiene que el objetivo no es solo alcanzar la paridad, sino evitar retrocesos en los derechos y espacios conquistados durante los últimos años.
El papel de asociaciones como Donas Visuals
Una de las iniciativas que más ha contribuido a impulsar estos cambios es Donas Visuals, asociación de la que Carla Sospedra fue cofundadora. Nacida en Cataluña hace seis años, la organización trabaja para promover la igualdad y la inclusión en el sector audiovisual, colaborando tanto con instituciones públicas como con televisiones, productoras y otros agentes de la industria.
La asociación cuenta con más de 650 socias y desarrolla programas de formación orientados a mujeres productoras, directoras, técnicas y jefas de equipo. El objetivo es ayudar a romper el llamado “techo de cristal”, facilitando el acceso de más mujeres a posiciones de liderazgo y responsabilidad dentro del cine.
Además de impulsar la presencia femenina, Donas Visuals trabaja para promover nuevas políticas de inclusión y para garantizar que las mujeres no solo tengan acceso a la industria, sino también capacidad de decisión sobre las historias que se producen y la manera en que se producen.
Producciones que demuestran el cambio
La evolución del sector también puede verse en ejemplos concretos de producciones lideradas por mujeres. Uno de los primeros proyectos impulsados por Carla Sospedra fue “Sara a la fuga”, el primer cortometraje de Belén Funes. En ese rodaje, todas las jefas de equipo eran mujeres, algo poco habitual en aquel momento y que hoy empieza a normalizarse.
Otro caso destacado es Alcarràs, de Carla Simón, donde Sospedra participó en la fase de preproducción. La película requirió más de un año de trabajo previo, un casting de más de 9.000 personas y una larga fase de desarrollo. Para la productora, esta experiencia demuestra la importancia de dedicar tiempo y recursos a los procesos de preparación para conseguir resultados sólidos.
También destaca el caso de El techo amarillo, dirigido por Isabel Coixet. El documental aborda casos de abusos sexuales en un aula de teatro de Lleida y, según Sospedra, supuso una lección sobre el poder transformador del audiovisual. La película no solo ayudó a visibilizar el problema, sino que incluso llegó a utilizarse como prueba ante un tribunal para reabrir el caso.
Una nueva manera de entender la producción audiovisual
Más allá de la igualdad de género, muchas profesionales del sector defienden una manera distinta de entender la producción. Para Sospedra, producir significa acompañar, cuidar y proteger tanto a los equipos como a las ideas. De hecho, asegura que una de las misiones principales de la producción ejecutiva es conseguir que una idea termine convirtiéndose en una obra audiovisual capaz de llegar al público.
Esa visión implica una relación constante con directoras, guionistas y responsables creativos, así como una gran capacidad para adaptarse a cambios, resolver conflictos y redefinir procesos. “Los proyectos están vivos”, sostiene, y eso obliga a mantener una mentalidad abierta y flexible durante todo el proceso de producción.
En un momento en el que la industria audiovisual vive una profunda transformación, la perspectiva de género ya no se entiende solo como una cuestión de representación. También se ha convertido en una oportunidad para revisar estructuras, impulsar nuevas voces y construir una manera diferente de hacer cine y televisión.