Lecciones de Shakespeare para guionistas: qué aprender de las adaptaciones a la gran pantalla
El dramaturgo William Shakespeare sigue siendo, más de 400 años después de su muerte, uno de los escritores más influyentes del audiovisual internacional. Sus guiones han sigo adaptados desde el escenario teatral a la gran pantalla cientos de veces, dando lugar a reinterpretaciones modernas inesperadas
Iratxe Cuadrado
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En vez de quedarse estancados en épocas del pasado, sus dramas siguen teniendo un poder determinante en el cine y la televisión actuales. Pero, ¿por qué sus obras siguen funcionando? Sus personajes profundos, conflictos sólidos y una estructura dramática bien construida son clave para entender a Shakespeare como una fuente de aprendizaje para guionistas.
Las versiones cinematográficas de obras literarias como ‘Romeo y Julieta’ (1597), ‘Hamlet’ (aproximadamente en 1600) o ‘Macbecth’ (1623) sirven para analizar de manera práctica cómo se adapta un texto clásico al lenguaje audiovisual. Cuando una historia es eterna, el formato es lo de menos.
El legado de Shakespeare es amplio
La atemporalidad de los conflictos que enfrenta Shakespeare en sus proyectos es uno de los mayores atractivos para cualquier guionista. Las obras ya mencionadas anteriormente siguen conectadas al público sin perder esa esencia dramática. Entre animación y ficción, se estima que hay más de 300 películas y reinterpretaciones que han sido llevadas a la pantalla adaptándolas de manera más o menos fiable. Algunos de los directores más importantes que se han atrevido a hacerlo han sido Polanski, Kurosawa u Orson Wells.
No solo demuestra que puede tomar presencia en un gran catálogo que sigue creciendo, sino la estructura de sus guiones son tan brillantes que pueden ser transformadas al gusto del director; según género, estilo o incluso público objetivo. El musical ‘West Side Story’ (1961, adaptada más tarde en 2021 también) o ’10 razones para odiarte’ (1999) son ejemplos que hasta las tramas más actuales y narrativamente nuevas se basan e incluyen tintes shakespearianos. En estos ejemplos encontramos ‘Romeo y Julieta’ y ‘La fierecilla domada’ respectivamente. Algunas de estas representaciones se pueden ver en el Archivo de Radio Televisión Española.
A diferencia del teatro, el cine exige decisiones narrativas propias del lenguaje audiovisual. Mientras que en el escenario la imaginación del espectador completa la experiencia, en la gran pantalla el montaje, el sonido y la iluminación son los recursos que construyen las emociones y guían la mirada.
Los realizadores poseen un papel destacado en este tipo de adaptaciones, ya que el teatro está compuesto por muchas escenas breves, y deben elegir qué conservan o modifican para seguir esa narrativa y que funcione en la pantalla grande. En la mayoría de los casos las adaptaciones nos son la reproducción exacta de los textos, sino que se usan como base para explorar otros temas sin perder la esencia. Es por eso que entre la adaptación y la original hay una especie de diálogo contemporáneo.
El guionista invisible
Jordi Balló y Xavier Pérez presentan la premisa de que Shakespeare es una fuente inagotable en la industria audiovisual en su libro ‘El mundo, un escenario. Shakespeare: el guionista invisible’ (2015). Ese eje principal se confirma en las numerosas adaptaciones de las obras del dramaturgo y también justifica por qué no necesitan ser fieles a los textos originales.
Las estructuras narrativas de series y películas contemporáneas tienen la capacidad de mantener viva su influencia incluso cuando el nombre de William Shakespeare no aparezca expresamente en sus guiones. Este análisis literario es muy útil para futuros guionistas porque invita a reflexionar sobre los cimientos narrativos de cualquier historia.
Para un aprendiz, la construcción del conflicto es la pieza clave en la que debería profundizar de cara a un proyecto audiovisual. Estas historias parten de un deseo claro que genera una tensión constante y sostiene la narración. El cine, además, ha sabido cómo tratar la profundidad psicológica de sus personajes gracias a la interpretación. Apoyándose en el montaje y la elección correcta de planos proporcionan una experiencia verosímil para el espectador sobre las emociones de sus protagonistas.
Aunque muchas de sus obras se refuerzan a través de densos diálogos, los estudiantes de guion poseen esta práctica como herramienta para adaptarlo a lenguaje cinematográfico. Construyen una idea que puede transformarse visualmente y consigue enriquecer la palabra escrita. Shakespeare es un ejemplo de adaptación sin perder su esencia. Entender este proceso es fundamental para los guionistas, ya que adquieren una capacidad de actualizar una obra narrativa.
‘Hamnet’, reinterpretación contemporánea
El ejemplo más reciente que ha saltado a la gran pantalla es la adaptación de la novela ‘Hamnet‘ (2020), de la escritora británica Maggie O’Farrell, dirigida por Chloé Zhao.Lejos de adaptar directamente la obra de William Shakespeare, el relato se sitúa en la mirada de su esposa, Anne Hathaway, para abordar la muerte repentina de su hijo Hamnet. Explora el duelo, el dolor, el abandono, la soledad y la memoria desde otro relato.
El éxito de la novela, reconocida con el Premio de Ficción Femenina del Reino Unido en 2020 y con el Premio de la Crítica en la categoría de Lengua Extranjera en España en 2021, refuerza el interés del ámbito audiovisual por explorar nuevas miradas narrativas en torno al universo shakesperiano. ‘Hamnet’ se posiciona como una forma diferente de adaptación, en la que no solo se traslada el texto a la pantalla, sino que su universo emocional y biográfico tiene un papel importante.
El enfoque de esta película, nominada a ochos premios Oscar, demuestra que la influencia del ‘guionista invisible’ no se limita a sus obras literarias construidas hace más de cuatrocientos años, sino que permite el paso de relatos actuales, autorales y que tienen otra visión. El legado clásico de Shakespeare puede modificarse en historias plenamente fabricadas y conectadas con la audiencia contemporánea.