El true crime, lejos de ser un género de nicho, se ha consolidado como uno de los fenómenos más influyentes del audiovisual. Se ha expandido con fuerza en plataformas de streaming, televisión y pódcast y atrae cada vez más a un público interesado. Las historias basadas en hechos reales pueden interesar más que una ficción

El espectador no solo consume true crime por su historia, sino por la capacidad de estas narrativas de mezclar la información con el suspense y la emoción. Lo cierto es que la audiencia participa en esa historia reconstruyendo los hechos, analizando las pruebas y testimonios e intentando comprender lo que hay detrás del crimen que se está narrando.
La forma de producir y consumir contenidos audiovisuales también ha cambiado, por eso es que existe este auge. Son producciones muy versátiles que pueden adaptarse a series, documentales e incluso pódcast, o programas radiofónicos. El profesional encargado experimenta una libertad de desarrollar un espacio donde la creatividad narrativa y el rigor informativo se encuentran. En RTVE se han encargado de recoger esta demanda y podemos disfrutar de una gran variedad de true crime, tanto en radio (con ‘En la mente del asesino‘ de RNE), como en televisión y RTVE Play (con sus decenas de colecciones).
Éxito y claves del true crime
La notoriedad de este género no se debe entender desde el puro entretenimiento, sino que combina factores psicológicos y narrativos que conectan directamente con la audiencia. Los relatos de crímenes permiten al espectador a acercarse al límite desde una posición segura, ya que existe una curiosidad natural por lo prohibido. Por ello, se genera una tensión constante que transcurre entre el rechazo y la fascinación. Además, se suma la necesidad de comprender el comportamiento humano de manera compleja.
No es una ficción que muestra solo lo que sucedió, sino que explora y explica por qué. Preguntas como: «¿qué le lleva a una persona a cometer ese crimen?» o «¿qué falló en su entorno?» posicionan al público con un papel activo. Cada detalle sirve para reconstruir el relato y se acerca al análisis psicológico.
El true crime se plantea como un puzzle en el que el espectador recibe información de manera dosificada y estratégica con la que forma hipótesis y le invita a implicarse de manera emocional. Todos hemos querido ser investigadores por un día, y el sentimiento de ‘resolver un caso’ refuerza el vínculo con la historia. Con toda esta información, la audiencia adquiere también un mecanismo de autoprotección, ya que siente que recibe herramientas para anticipar riesgos en la vida real.
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El auge de este género implica una narrativa muy bien construida. Adopta recursos de la ficción que son atractivos y envolventes, además de exponer unos hechos reales. La estructura del género thriller, que se basa en el misterio y la tensión es una de las bases por las que el true crime triunfa. De todos los recursos que más se ven en este tipo de ficciones, el cliffhanger es de lo más utilizados: cada bloque revela una incógnita nueva e incentiva al espectador a continuar. Refuerza la intriga que se recoge en los relatos, pero sin perder veracidad y rigor informativo.
Los testimonios que se presentan en estas narrativas, como familiares o amigos, incluso de periodistas e investigadores oficiales, sirven para enriquecer el relato. De hecho, en algunas ocasiones las intervenciones se contradicen y exponen que no existe una verdad universal. El material de archivo y el uso de la figura del narrador son dos claves para que el género true crime sea híbrido y las historias atrapen. Las imágenes reales, documentos o grabaciones aportan veracidad y generan una experiencia inmersiva del espectador si se combinan con recursos de montaje. La voz en off, o quien guía el relato ordena la información y dosifica la tensión.
Impacto en la industria audiovisual
El true crime ha tenido un impacto evidente en la producción audiovisual debido a su alta demanda y popularidad. Muchas productoras y plataformas que buscan atraer a más público deciden apostar por este tipo de formato y género. La producción de estos proyectos es menos costosa que una ficción normal, gracias al uso de recursos como testimonios o imágenes de archivo. Además, perfiles profesionales, como guionistas de no ficción, periodistas o documentalistas han encontrado una nueva versión de expansión.
Sin embargo, el éxito del true crime no se limita solo a la televisión, el formato pódcast se ha adaptado y ha impulsado una nueva forma de consumir este género. El diseño sonoro y la voz sirven de guía al espectador y permiten que se sumerja en el relato de manera más íntima. La ausencia de imágenes obliga a potenciar los efectos sonoros, como el silencio, para transmitir esa tensión tan distinguida del género. Es un espacio que se sigue explorando, ya que permite experimentar nuevas formas de contar un relato.

No todo es tan bueno como parece: el true crime no está exento de debate. Entre informar y especular sobre un crimen existe una fina línea divisoria, y la principal controversia se encuentra en esta diferencia. La representación del crimen y sus consecuencias posee una visión diferente dependiendo de cómo se maneja el impacto narrativo sobre la sensibilidad hacia las víctimas o familiares. Otro de los riesgos es la revictimización, muchas de los afectados pueden volver a sentir o prolongar el dolor a través de la exposición de imágenes o testimonios. Por esto, es necesaria una mirada ética y priorizar el rigor e interés informativos respetando a las víctimas.
La capacidad de decidir sobre cómo se presentan los recursos de archivo y los testimonios también es importante y posee mucha responsabilidad. Este tipo de recursos pueden influir en las interpretaciones y opiniones de la audiencia en un contexto que debe ser mero informativo. El true crime se convierte así en un espacio de reflexión sobre la ética profesional, además de un género en auge. El contenido de producción en la industria se ve enriquecido por el auge de esta variedad audiovisual, pero debe ser una práctica responsable y consciente.

