Las series de época sirven para entender por qué el pasado dialoga con el presente
La necesidad de pensar en el pasado no significa automáticamente estar sumido en la nostalgia, sino que mirar hacia atrás ayuda a comprender mejor el presente. Las series de época combinan drama, historia y reflexión social, y sorprendentemente conectan con todo tipo de público
Iratxe Cuadrado
Imagen generada por IA.
El auge de las series de época combinan varios factores que son clave para su éxito. Una buena producción, una narrativa que resuena en el público actual, y la capacidad de evasión que provocan son algunos de los componentes que mantienen a este tipo de ficción en un pilar de todas las plataformas.
La fascinación por otras épocas ofrece al espectador vivir una vida pasada llena de romances e intrigas históricos, que se ven fortalecidos por la alta calidad de la producción que hay en sus vestuarios, escenografía y ambientación. Crean mundos inmersivos espectaculares con los que la audiencia se engancha. Además, como todo gran éxito, consolidan una comunidad de fans que ayudan a que ese interés se mantenga y sigan siendo franquicias que triunfan.
RTVE es una de las grandes impulsoras en este país de series de época, y el resurgir de ellas ha tenido un impacto positivo en este fenómeno. Series como ‘Acacias 38‘ (2021), ‘La Promesa‘ (2023), ‘Valle Salvaje‘ (2024) o ‘ENA‘ (2025) han hecho que en los últimos años, aquellas historias que nos han contado se materialicen y el relato tenga un valor documental.
El pasado es un espacio que conocemos
El escenario histórico que se representa en los relatos de época resultan al telespectador cercanos porque no necesariamente se centran en momentos históricos, sino que se centran en la vida cotidiana, las relaciones personales o los conflictos que tienen que atravesar sus personajes.
En ‘Acacias 38’ el barrio se convierte en el reflejo de la sociedad a finales del siglo XIX, los burgueses, comerciantes y criados conviven y se relacionan. También hay cabida para la solidaridad y el afecto, aunque tenga un enfoque más dramático. Es lo mismo que ocurre en ‘La Promesa’, el Palacio de Luján es el microespacio en el que viven criados y señoritos. Un espacio en el que, evidentemente, existen unas jerarquías que muchas veces se rompen por la emoción y el romance característico.
Por ello, la audiencia se permite empatizar, porque son comportamientos y actitudes cercanas a la sociedad actual, no son marionetas, son personajes con miedos, deseos y ambiciones que se parecen al presente. Las tensiones sociales, la desigualdad económica o el abuso de poder no son nuevos, atraviesan el pasado y el presente.
El destino de los personajes y las decisiones que toman no son arbitrarias, están influidas por acontecimientos colectivos que nos intrigan. En ‘Valle Salvaje’, por ejemplo, el entorno rural de Asturias permite ver cómo el abuso de poder y el choque entre el progresismo y conservadurismo del siglo XVIII son elementos clave para que los protagonistas consigan una libertad individual.
El papel de la mujer y la tradición
Las mujeres ocupan un lugar importante en las series de época de RTVE que va más allá de la representación tradicional. Y, aunque pertenecen a una sociedad patriarcal, sirve de agente activo que intentar resistir y romper las normas. Es el caso de ‘ENA’, no solo retrata la vida de la reina consorte, sino que se enfoca en la defensa de la lucha de las mujeres por hacerse hueco en un entorno gobernado por hombres.
La reina adelanta a su época, que proviene de una libertad británica, llega a una España conservadora en la que desarrolla un instito político clave. Representa a una mujer que fuma, lleva pantalones y prefiere la sencillez ante un protocolo tradicional. Destaca la resiliencia que la empodera y lucha por ser feliz. Además, está rodeada de otras mujeres poderosas que forman parte de su círculo de confianza en los que se representa el papel profesional del retrato femenino.
Lejos de ser solo una acompañante, que soporta las numerosas infidelidades de Alfonso XIII, su función fue vital para asegurar el futuro de la dinastía y el futuro de su nieto Juan Carlos I. Esto demuestra que la historia no tiene que ser una representación fría, sino un escenario donde la valentía de la mujer frente a los conflictos sociales conectan con la actualidad.
En ‘La Promesa’ y ‘Acacias 38’ las mujeres, en una época más cercana, también se enfrentan a matrimonios impuestos y juicios morales, pero a través de una rebeldía silenciosa encuentran su espacio para reivindicar su identidad. Y, aunque se estaba produciendo un periodo de cambio, todavía seguía lleno de obstáculos.
RTVE apuesta por este tipo de ficción para reforzar su compromiso cultural y educativo como televisión pública y al servicio público. Otras series que también contribuyen al interés histórico y fomentan el debate social son ‘Águila Roja’ (2009), ‘Isabel’ (2012) o ‘El Ministerio del Tiempo’ (2015).
Las series de época no buscan dar lecciones, pero sí empujan al espectador a observar los paralelismos que ocurren en el presente e invitan a reflexionar sobre si las dinámicas sociales han cambiado o no. El pasado se convierte en herramienta para estimular el pensamiento crítico y conectar a generaciones a través de su narrativa.