A medida que los decorados reales y la artesanía del set ceden terreno ante los motores de videojuegos y el CGI, surge una pregunta inevitable ¿estamos perdiendo el peso de lo real? El abuso de la tecnología puede levantar una barrera de píxeles que nos desconecta de la coreografía, el gesto y la verdad del actor

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La estética de la perfección. El equilibrio entre el espectáculo y la realidad
En la actualidad, el espectador asiste a una capacidad técnica sin precedentes donde las fronteras de lo posible se han expandido. Títulos tan populares y celebrados como ‘El Gran Showman’ (2017) son una prueba de ello: películas visualmente deslumbrantes que logran conectar con el gran público gracias a una estética cuidada y una energía desbordante. Sin embargo, este despliegue de medios invita a una reflexión sobre el uso del CGI en la narrativa moderna.
En ocasiones, la búsqueda de una imagen perfecta y limpia puede alterar la percepción de la fisicidad en la pantalla. Cuando el retoque digital suaviza en exceso el movimiento o la interacción con el entorno, se corre el riesgo de que el espectador perciba una falta de gravedad, haciendo que el esfuerzo humano detrás de cada coreografía parezca menos tangible.
Del asombro visual al «valle inquietante». El mérito del movimiento
Este debate sobre la autenticidad se vuelve crítico cuando la tecnología intenta sustituir elementos puramente orgánicos. Casos extremos como el de ‘Cats’ (2019) han servido para analizar en las escuelas de cine el fenómeno del «valle inquietante» (o «uncanny valley»): ese rechazo instintivo ante imágenes que imitan lo humano pero carecen de coherencia física, convirtiendo al intérprete en una amalgama de píxeles sin alma. El problema surge cuando esa parte tan impresionante del cine musical, el mérito físico de sus intérpretes, se delega en un «monigote» digital.
La magia de hitos como ‘West Side Story’, ‘Cantando bajo la lluvia’, ‘Grease’, ‘Billy Elliot’ o ‘Dirty Dancing’, reside en saber que hay un cuerpo real realizando una proeza real. Si esa parte nos la «quitan» porque sabemos que lo que vemos es un casi un dibujo animado, la gracia desaparece. Incluso si hay un actor debajo proporcionando los movimientos, si el resultado final es un envoltorio digital, el impacto se pierde. ¿Qué tiene de impresionante ver a una figura generada por ordenador ejecutar un paso perfecto si sabemos que no es 100% real? Al borrar el rastro del sudor y el esfuerzo, le quitamos al espectador el asombro ante el talento que definió a los grandes clásicos.

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Innovación invisible y la tecnología al servicio del intérprete
No obstante, la evolución digital también ha traído soluciones que devuelven la honestidad a la imagen. El uso de la captura de movimiento en proyectos como ‘Avatar’ (2009) y su nueva entrega, ‘Avatar: Fuego y Ceniza‘ (2025), ha demostrado que el código puede transmitir la mirada y el alma de un actor de forma excepcional. Por otro lado, la tecnología de producción virtual, conocida por su uso en ‘The Mandalorian’ (2019), ha marcado un hito al sustituir el tradicional croma verde por paredes LED de alta definición.
Esta técnica permite que los actores trabajen inmersos en el escenario, logrando que los reflejos en sus ojos y la luz sobre su piel sean reales. Es el ejemplo perfecto de cómo la innovación, cuando se aplica con criterio, no sustituye la realidad, sino que ayuda a construirla de manera más convincente para el espectador.
El horizonte de la síntesis de imagen ante el avance de la IA
En esta nueva era digital, que prácticamente está comenzando, la aparición de la inteligencia artificial y la generación de imágenes por computación avanzada plantean un escenario inédito. La capacidad de crear entornos y figuras de la nada obliga a los futuros profesionales del audiovisual a replantearse el valor de lo artesanal. El desafío ya no consiste únicamente en dominar las herramientas más punteras, sino en saber proteger la esencia del oficio: desde el diseño de producción hasta la ejecución de una escena de riesgo o un baile. Preservar lo tangible frente a lo infinito del píxel será la clave para que el cine siga siendo un reflejo de la experiencia humana y no un simple producto de laboratorio.
En definitiva, el futuro del audiovisual no reside en elegir entre el decorado real o el digital, sino en encontrar un equilibrio que no sacrifique la emoción. A medida que las herramientas sigan evolucionando, la industria deberá recordar que el espectador sigue buscando la verdad en el gesto y la honestidad en el movimiento. En un mundo donde la tecnología permite crear cualquier cosa, lo que realmente marcará la diferencia será aquello que el píxel no puede replicar: el peso, el sudor y la presencia de lo humano en cada fotograma.

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