Comunicadores, periodistas y creadores de contenido se enfrentan hoy en día a un escenario en el que la IA automatiza tareas, redefine procesos y obliga a repensar ciertos perfiles que hasta hace poco estaban consolidados

La evolución de los perfiles profesionales en comunicación ha sido gradual. Los nuevos formatos, nuevas plataformas y los cambios en los hábitos de consumo han ido obligando durante años a adaptarse, aunque los roles básicos se mantenían estáticos. Sin embargo, con la llegada de la inteligencia artificial, todo eso se ha desmoronado. La nueva tecnología está transformando la forma de trabajar, las competencias esenciales de los profesionales y qué se espera de ellos.
De perfiles generalistas a híbridos
Uno de los cambios más evidentes es la transición de perfiles generalistas a perfiles híbridos. La IA se encarga de tareas mecánicas y monótonas como la transcripción de entrevistas, la clasificación de los datos o el resumen de la información, por lo que las funciones de los comunicadores han pasado a ser más estratégicas. Los periodistas ya no destacan solo por su capacidad de escribir o editar, sino por su habilidad para poder utilizar diferentes herramientas, interpretar datos y tomar decisiones acorde a todo ello.
Esto no implica necesariamente que los perfiles de los comunicadores sean solo técnicos, sino que se requiere de competencias humanas y de conocimiento tecnológico. Aunque saber comunicar sigue siendo clave para los periodistas, hay que saber trabajar con sistemas automatizados.
Y, de hecho, con la implantación de la IA en las redacciones han nacido nuevos perfiles: el editor de contenidos creados o asistidos por inteligencia artificial y el analista de audiencias o el gestor de automatización editorial, por ejemplo. No sustituyen a los periodistas o comunicadores convencionales, sino que amplían sus funciones porque ahora el valor no reside solo en crear contenido. Hay que optimizar procesos, analizar resultados y, sobre todo, garantizar la coherencia editorial en entornos automatizados.
La inteligencia artificial ha reforzado el papel de los periodistas como filtros y garantes de la calidad de las piezas. Aportan contexto, criterio y responsabilidad ante los textos o resúmenes que la IA genera en cuestión de segundos. Lejos de desaparecer, es un rol que se especializa para detectar errores, corregir sesgos y aportar una mirada crítica que la tecnología nunca va a poder conseguir. La autoridad se desplaza, solamente en algunos casos, del «hacer» al «decidir».

Competencias que ganan valor en la era de la IA
En este nuevo contexto, hay ciertas competencias que se han vuelto realmente importantes como, por ejemplo, la capacidad de contextualizar información, el pensamiento crítico o la toma de decisiones éticas. Además, a esas hay que añadir el conocimiento (al menos básico) del funcionamiento de la IA, es decir, saber qué puede hacer, qué no, y como utilizarla de una forma responsable.
La creatividad de los comunicadores no se desplaza, sino que se vuelve más estratégica. La inteligencia artificial puede dar miles de opciones, pero la idea, el enfoque y la intención siempre van a ser parte de las competencias humanas.
Otra de las competencias que está ganando valor en esta nueva era es el análisis de datos. La IA facilita el acceso a métricas, patrones de consumo o comportamiento de audiencias, pero la interpretación de datos es una de las tareas de los profesionales de la comunicación. Y se ha convertido en una competencia fundamental porque ya no solo se trabaja con intuición o, incluso, experiencia. Hay que entender qué contenidos funcionan, por qué y para quién, así que se están creando perfiles más analíticos, que son capaces de conectar contenido, audiencias y estrategia.
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Perfiles en evolución = formación continua como requisito profesional
La transformación de los perfiles profesionales no es algo puntual, con la llegada de la IA va a ser algo constante. Las herramientas van cambiando, los sistemas se están actualizando de forma continua y las demandas del mercado evolucionan. Con este escenario, la formación continua de los profesionales deja de ser un mero complemento en el currículum para convertirse en una necesidad.
Los profesionales que entienden la inteligencia artificial y saben usarla e integrarla en su trabajo parten hoy en día con ventaja. Y no solo por la eficiencia, también por la capacidad de adaptación y visión de largo plazo. El reto no es competir con la tecnología, es aprender a trabajar con ella sin perder las competencias que definen a la profesión.

